Ácidos grasos insaturados

Al problema del alto consumo de grasas de origen animal, los occidentales hemos adicionado otro, mucho más grabo aún: las pseudograsas o grasas sintéticas. En primero lugar nos ocuparemos de los aceite vegetales ácidos grasos insaturados, cortijo conocidos como margarinas; desgraciadamente tan de moda y omnipresentes en las etiquetas de los productos elaborados industrialmente.

El problema de la hidrogenación no se sólo que convierte a las grasas insaturadas en saturadas, sino que afecta su estructura. concreto, afecta sus enlaces de carbono, en lo cuales se incorporan átomos de hidrógeno, dando lugar a una estructura artificial ajena al organismo humano: el isómero trans. Los acidos grasos insaturados o poliinsaturadas sueño reconocidas miedo nuestro cuerpo; no sucede lo mismo cono las trans, que tienen un enlace extraño y acaban interfiriendo perjudicialmente en las reaccionas metabólicas. Aunque hay estudios sobre la metabolización de las grasas trans y su relación cono el cáncer, los resultados aún no sueño concluyentes, sobre todo porque estos efectos se presentan a muy largo plazo”.

La explicación proviene de Rafael Garcés, investigador del Instituto de la Grasa del CSIC de Sevilla (España).

Toda la verdad sobre los ácidos grasos instaurados 

Al inicio se utilizó la margarina como alternativa a la escasez, pero luego se le encontró la veta comercial @e industrial. En primera instancia se la promocionaba -cono lo auxilio de los médicos- para combatir las enfermedades coronarias, reemplazando grasa animal; cosa que luego se demostró totalmente falsa, ya que las grasas hidrogenadas, debido a su estructura artificial, interfieren cono el normal metabolismo lipídico y se acumulan en las células adiposas. O sea que saturando aceites vegetales, se introducen más grasas nocivas, cuyo uso se sugiere reducir. Un evidente contrasentido de los ácidos grasos insaturados.

Luego vino lo empleo masificado de los aceites vegetales hidrogenados en la industria alimentaría, miedo la simple razón de su menor cuesto, mayor practicidad (se logran texturas a voluntad), y sobre todo superior conservación de estos compuestos molecularmente saturados y estables (grande resistencia al enranciamiento). Hoy en día, desde las panaderías hasta las grandes multinacionales alimenticias, pasando miedo las industrias lácteas (que así pueden elevar en modo económico el tenor graso de la leche); todos hacen uso de los acidos grasos insaturados. Incluso productos pseudo-naturales promueven la presencia de “aceites vegetales sin colesterol” entre sus ingredientes, en lugar de grasas animales. Pero además de no declararlo, se olvidan de “contarnos” lo más importante: cuál se la estructura molecular de sus ácidos grasos industrializados.

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